Coaching: Colaboración y Competencia
- Carlos DĆaz Lastreto
- 6 abr 2016
- 5 Min. de lectura

Hace unos dĆas atrĆ”s revisaba mi Facebook y me encontrĆ© con un aviso de trabajo de un destacado coach, quien seƱalaba que buscaba cinco coaches, para sumar a su grupo de trabajo, para actividades ligadas a empresas. Me sorprendió gratamente el aviso pues me llevó a pensar como esta actividad estĆ” creciendo de un modo tan importante y las empresas comienzan a requerir mĆ”s servicios de coaching, especialmente en formato ejecutivo. El coach en cuestión tiene una empresa dedicada a este Ć”mbito y si estĆ” contratando coaches es porque su negocio estĆ” creciendo, lo que creo que es una muy buena seƱal de mercado. Creo que tambiĆ©n es una buena seƱal del mercado que demande coaches especialistas en coaching ejecutivo, no coaches generalistas que no saben mucho del mundo organizacional.
A continuación decĆa el aviso, ātanto para ejercer el rol de coach en la medida que sus competencias vayan de acuerdo a los requerimientos de nuestros clientes, como para acciones de Ćndole comercialā. Esto me llevó a dos reflexiones, la primera en relación a las competencias y la segunda en torno a las acciones de āĆndole comercialā.
Las competencias son cada vez mĆ”s relevantes en este campo como en cualquier otro, ya no se requiere solamente mostrar credenciales o tĆtulos sino que se requiere mostrar (por la vĆa de las recomendaciones o por la vĆa de las demostraciones) cuan hĆ”biles somos efectuando coaching. Lo anterior no es simple de mirar, ya que por razones históricas tenemos tendencia a mirar mĆ”s los diplomas que las demostraciones efectivas de competencia. En relación a lo segundo, pensĆ© que las habilidades comerciales tambiĆ©n son importantes, ya que no basta ser un buen coach, tambiĆ©n tenemos que saber ofrecer y comercializar nuestros servicios, algo que no se enseƱa en ningĆŗn lado y que resulta de mucha importancia tambiĆ©n. Al respecto publiquĆ© un post hace tiempo sobre el tema, a partir de las ideas de Daniel Pink.
El aviso terminaba con lo siguiente, en relación a los requisitos ātener una tendencia a pensar colectivamente el futuro y no usar el modelo de la consultora unipersonal o bipersonal con alianzas circunstanciales por proyectoā. Esta parte me dejó pensativo y reflexivo, sobre lo cual realizarĆ© algunos comentarios.
Cuando realicĆ© el curso de āDiseƱo de futuroā una de las ideas que aprendĆ fue que el futuro no es sólo una cronologĆa, tambiĆ©n es un lugar, un sitio al que queremos llegar. Me parece muy interesante pensar colectivamente en relación a ello, ya que no tiene el mismo peso ni el mismo valor hacerlo de un modo solitario que con otras personas. Muchos coaches y consultores tienen o han tenido la suerte de trabajar en una empresa consultora o como parte de un equipo dentro de una organización, las redes de colaboración, de reflexión y de āinteligencia colectivaā que se forman allĆ pueden ser fabulosas. Cuando el lĆder tiene un estilo abierto, es creador de contexto positivo y la cultura organizacional estimula el ālado luminosoā es una gran experiencia. Por lo menos para mĆ eso ha sido una experiencia fundamental,
No obstante ello, formar parte de un equipo tambiĆ©n tiene sus ālados oscurosā, cuando predomina la competencia o conflicto entre los integrantes, cuando hay agendas ocultas, cuando los niveles de competencia son disĆmiles y los menos competentes carecen de disposición a aprender o cuando el liderazgo es ādisonanteā, muy jerĆ”rquico, poco abierto a la innovación y discusión de ideas. A ello se puede agregar una cultura poco amiga del coaching y la consultorĆa, que valora los Ć©xitos de corto plazo, centrada en el negocio y no en el desarrollo. TambiĆ©n he vivido esto y formar parte de un equipo de coaches o consultores no es sinónimo necesariamente de inteligencia colectiva o de pensar el futuro con inteligencia.
Por ello creo que no hay que desmerecer y, al contrario, valorar a quienes trabajan de manera individual o bipersonal, ya que ahĆ pueden estar sucediendo cosas valiosas tambiĆ©n. Hay historias de emprendimiento que de por sĆ ya son notorias, hay entusiasmo y no resignación, hay disposición a aprender. AdemĆ”s, si hay interĆ©s en formar āalianzas circunstanciales por proyectoā, interpreto que hay disposición a participar de proyectos mĆ”s grandes y hay gestión de redes, para invitar a otros coaches o ser invitados por otros. Que sea circunstancial no lo desmerece en absoluto. ĀæAcaso no serĆ” asĆ el futuro de muchos trabajos, mĆ”s aĆŗn cuando se trata de proyectos que por su naturaleza duran un tiempo y luego terminan?
Entiendo que lo central es como estimulamos la colaboración, tan necesaria en el ejercicio del coaching y tan necesaria en el trabajo en general. Para ello hay que identificar las malas prĆ”cticas de no colaboración y alejarnos de ellas, como hablar mal de otros coaches, como realizar proyectos que superan nuestras habilidades, como dejar de formarse, etc. Creo que la colaboración no pasa por trabajar juntos con otros coaches bajo un mismo empleador o incluso bajo un mismo proyecto, mĆ”s bien es una actitud que se refleja en otras acciones. Leyendo a Davenport y Prusak (ver āconocimiento en acción), referido al compartir conocimiento, indica la importancia de compartir conocimiento tĆ”cito, lo que se da en las conversaciones que tenemos con otros, compaƱeros de trabajo, colegas, amigos, principalmente de manera informal. Estas conversaciones se ven estimuladas por la reciprocidad (hoy por ti maƱana por mĆ), por la expectativa de reconocimiento (reputación) y por la mera generosidad. Por ello me parece esencial que un coach participe de actividades de formación, de reuniones, de encuentros y en general de actividades donde nos encontremos con otros que practican esta misma disciplina.
Creo que en general ese es el desafĆo, como vamos formando los coaches una cultura de colaboración que minimice la mala competencia y que honre que esta es una profesión dedicada al servicio de otras personas. Para ello los procesos de formación son cruciales, compartir lecturas, aprender mutuamente unos de otros, participar en proyectos conjuntos, honrar a quienes saben mĆ”s que uno, cultivar la maestrĆa, tomar cafĆ© con otros coaches, etc.
Al respecto creo que una buena prÔctica es responder los correos electrónicos que nos puede enviar otro coach preguntÔndonos algo, haciéndonos una consulta. De hecho me ha pasado que he enviado correos que no me han respondido o, al revés, personas generosas que me han respondido o incluso recomendado fuentes, como me sucedió con la coach Laura Fierro de México.
Sobre el cafĆ© hablarĆ© en otro post, ya que he estado leyendo āLa historia del cafĆ©ā y creo que estos son los lugares en torno a los cuales mĆ”s se desarrolla el coaching Ćŗltimamente, tomando un cafĆ© con otro coach y colaborando activamente en el aprendizaje mutuo.
Creo que el coach al que cito por su aviso al inicio de este post ni idea tiene de todas las reflexiones que generó su comentario. Gracias por la provocación.

