Coaching estratégico: 3 conceptos de Roberta Milanese y Paolo Mordazzi

Actualizado: 1 ago


A partir de las ideas de la terapia breve estratégica desarrollada por Giorgio Nardone, discípulo de Paul Watzalawick, estos autores desarrollan un modelo de coaching que me ha parecido interesante y provocativo para quienes nos desempeñamos en este ámbito. Si bien sus ideas originales provienen del mundo de la psicoterapia, el mismo Nardone comenta que tienen importantes implicancias hacia esta práctica que llamamos coaching.


En el capítulo 1 proponen tres distinciones conceptuales que quisiera comentar en este post. En los capítulos posteriores recomiendan técnicas específicas, interesantes de leer para quienes quieran profundizar en la aplicación de sus ideas.


Concepto 1


No existe una única realidad, sino que muchas realidades subjetivas que varían según el punto de vista que adoptamos para observarlas. Dicho de otra forma “no nos es dada la posibilidad de un conocimiento verdadero de lo que el mundo es si por verdadero entendemos un conocimiento objetivo, exento de cualquier condicionamiento. Puesto que todo acto cognoscitivo implica una intervención activa de la persona que observa, esta se convierte en un auténtico constructor de la realidad que percibe y no sólo en un receptor pasivo de estímulos externos”.


Por supuesto que estas ideas constructivistas encuentran eco en muchos autores y es bien habitual su utilización en profesiones de toda índole, especialmente de las disciplinas humanistas. Lo que a mi me sigue sorprendiendo es como muchas de estas personas pueden darnos cátedra de este constructivismo, pero cuando se trata de sus ideas políticas o sociales las tratan como verdades incuestionables y tratan de malintencionados u otros calificativos a quienes simplemente piensan diferente.


Ya Watzlawick distinguía en “Es real la realidad” lo que él llamaba la realidad de primer orden relacionada con las propiedades puramente físicas de los objetos y la realidad de segundo orden, enfocada en el significado y valor que las personas le atribuyen a esos objetos o situaciones. Lo interesante de esta distinción es que nuestros problemas no están relacionados con las propiedades de los objetos o de las situaciones (la realidad de primer orden) sino que están ligados al significado, al sentido y al valor que atribuimos a esos objetos o situaciones (la realidad de segundo orden).


La principal derivada de lo expuesto para la práctica del coaching es que cualquier intervención orientada al cambio, debiera enfocarse en modificar la realidad de segundo orden (cambio de modelo mental, de observador, de paradigma, según el autor que revisemos), de modo que a partir de ello cambie la relación que la persona tiene consigo mismo, con los demás y con el mundo.

Creo que esto tiene otra derivada interesante y es que el valor de las interpretaciones no tiene que ver necesariamente con la verdad, sino que con la utilidad en cuanto al fin que queremos alcanzar, de manera que podamos lograr aquellos propósitos que nos proponemos, aquellos objetivos que deseamos. Esto, a su vez nos lleva a una interesante discusión respecto a la ética, lo correcto y lo incorrecto, lo deseable y lo indeseable, los acuerdos y los desacuerdos (algo que podemos dejar para otro post).


Concepto 2


La segunda idea es la que llaman “el autoengaño”. Si toda realidad es una construcción, no podemos escapar a este fenómeno de formación de creencias, tanto positivas como negativas. El problema, se diría en el coaching ontológico es que muchas son infundadas, no tienen ninguna base, pero las reafirmamos y con eso surgen ciertas posibilidades o imposibilidades en la vida. Los seres humanos podemos estar convencidos de cualquier creencia, aunque no tenga base alguna. E incluso, en la medida que nos relacionamos con personas que tienen una creencia similar reafirmamos el valor de la creencia señalada.


La idea de los autores entonces es que puede ser muy útil usar este fenómeno en la terapia o en el coaching no para discutir si las ideas son fundadas o infundadas, sino para generar una suerte de profecía autocumplida, un engaño estratégico, de modo que al crear una nueva “realidad inventada”, usando la técnica del cómo sí, se produzcan efectos concretos, nuevos acontecimientos. Para ello deberá usarse entonces una lógica no ordinaria que da lugar al uso de paradojas y otras intervenciones que facilitan el cambio, no la comprensión cognitiva de una situación, sino que un cambio efectivo.


Concepto 3


Finalmente, la tercera idea de los autores, es lo que llaman la solución intentada redundante. ¿Qué significa esto? Significa que uno de los autoengaños disfuncionales es la tendencia a utilizar como estrategias en relación con la realidad aquellas que, en el curso de nuestra vida, han resultado más funcionales, las que nos han permitido obtener los éxitos más importantes para nosotros. Dicen “estas soluciones intentadas nuestras, en virtud, a su continua repetición y a su inicial eficacia, se convierten gradualmente en nuestro modelo predominante de percepción – reacción frente a la realidad, estructurándose como auténticos guiones recurrentes”.


El problema de estos guiones es que al haber sido eficaces en ciertos momentos y ámbitos de nuestra vida tienden a ser aplicados y repetidos cuando, por desgracia, su aplicación ya no resulta tan eficaz. Y, frente al fracaso de esa estrategia (la solución intentada redundante) más que renunciar al modelo ya experimentado, se tiende por lo general a aplicarla incluso más que antes, acabando no sólo por no resolver la dificultad inicial, sino que producir un empeoramiento de la situación misma.


En opinión de los autores, “la funcionalidad o disfuncionalidad de un guion, no parece ligada a su contenido, sino más bien a su rigidez y generalización más allá de los confines que lo hacen funcional”.


Dicho todo lo anterior, ¿cuándo comienza el coaching estratégico? Comienza cuando analizamos las soluciones intentadas redundantes, concentrándonos en lo que la persona no sabe hacer, para guiarla a la superación de sus propios límites.


Comentarios


Por supuesto que todas las ideas expuestas tienen muchísima relación con el coaching, en el sentido que no es labor del coach cuestionar “la realidad” de su coachee y convencerlo que es falsa, equivocada o incluso loca. Otra cosa es que el coach pueda señalar que no la comparte y ser tan intenso este no compartir que se niegue a atender al cliente. Este es un tema habitual de abogados, psicoterapeutas y también de coaches. Ello implica tener claridad en los límites y también tener claridad que se trabaja para el cliente y no para uno.


Otra relación importante que veo con el coaching es que muchas veces, se busca una interpretación a aquello que el coachee relata que sea “verdadera” y no se trata de eso, se trata de proponerle una nueva interpretación que le de valor, que le haga sentido y, sobre todo que le abra a nuevas posibilidades en la acción. Esto implica ser flexibles en nuestras interpretaciones y pensar en interpretaciones incluso paradójicas como proponen los autores, siempre y cuando le permitan fluir de mejor modo en el mundo.


Y, tercero, una pista para estas interpretaciones, las comuniquemos o no explícitamente a nuestro cliente es escuchar las soluciones intentadas redundantes, ¿qué hace repetidamente el coachee?, ¿qué guion sigue continuamente y que ahora, precisamente, ya no le está funcionando?. En el ámbito del coaching ejecutivo esto es muy notorio, especialmente cuando se trata de personas que son ascendidas a nuevas posiciones en la estructura organizacional, siguen haciendo lo que hacían antes y eso ya no les resulta útil para el nuevo cargo por lo que necesitan un acompañamiento para realizar nuevas acciones, nuevas estrategias, nuevas maneras de desenvolverse, con las que por supuesto no tienen familiaridad y además tienen incertidumbre si les van a resultar útiles o no. Ese es el desafío del coaching desde esta perspectiva estratégica.

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